Carencias y vulnerabilidad: las otras formas de medir la pobreza en Chile

El dato oficial es que en Chile una persona es pobre cuando no tiene $ 72.098 al mes para subsistir. Para el Banco Mundial si no llega a los US$ 2 diarios (por paridad de poder adquisitivo) y en EE.UU. cuando una familia de cuatro miembros tiene un ingreso anual menor a US$ 23.492 ($ 1.080.000 al mes). Para la Ocde, en tanto, si logra o no recursos equivalentes al 50% o 60% de la mediana de ingresos en sus países miembros.

Lo anterior son las formas más conocidas de medir la pobreza. En los tres primeros casos, con un enfoque absoluto basado en calcularla según el costo de una canasta de bienes esenciales. En la Ocde, en tanto, con un enfoque relativo que calcula una variable que refleja cierto estándar de vida.

Sin embargo, a medida que los países se desarrollan y aumentan las necesidades de bienestar, se han diseñado nuevos enfoques para sopesar las condiciones de vida de la población. Con esa motivación, de hecho, fue que la Comisión para la Medición de la Pobreza planteó un cambio a la medida tradicional de pobreza por ingresos del modelo chileno, recomendando complementarla con una medición de tipo multidimensional basada en carencias según áreas de bienestar.

En su informe final al gobierno, la instancia propuso un enfoque multidimensional que se basa en medir la pobreza a través de 14 indicadores vinculados a cinco dimensiones: Educación, Salud, Empleo y Seguridad Social, Vivienda, y Entorno y Redes. La medición de las carencias, según esos indicadores, se hace con un índice que va entre 0% y 100%, valores que corresponden a que no existen estas necesidades y a que sí hay carencias en todos los indicadores, respectivamente, explica el coordinador del Programa de Reducción de la Pobreza y la Desigualdad del PNUD, Osvaldo Larrañaga, quien integró el grupo.

Tras aplicar la metodología multidimensional a los datos de la Encuesta Casen 2011, la comisión concluyó que el 20% de los hogares tiene el 35% de carencias en educación, salud, empleo y vivienda. “El hogar se define en situación de pobreza multidimensional si tiene al menos el 33% de carencias, de acuerdo con la norma predominante en la práctica internacional. En 2011 había alrededor de 20% de los hogares en esa situación en Chile”, dice.

Aclara, en todo caso, que es una medición provisoria, pues en la Casen 2011 no se incluyeron los indicadores para medir la dimensión de Entorno y Redes, ya que el cuestionario base no tenía preguntas asociadas al tema. “La Casen 2013 sí los incluye y ella proveerá una medición definitiva”, añade.

El experto de Cieplan, Jorge Rodríguez, quien también integró la comisión, señala que la medición multidimensional revela que existe un grupo importante de familias con problemas en calidad de vida que no dependen sólo de los ingresos monetarios. “Tienen pocos ingresos, pero al mismo tiempo tienen educación incompleta, problemas de acceso a salud, empleos precarios, viviendas en mal estado y viven en barrios inseguros. Estas situaciones están relacionadas y si bien mayores ingresos familiares ayudarían a atenuarlas, estas carencias no se solucionan a punta de bonos”, agrega.

Para el decano de Economía de la UDD, Rodrigo Castro, quien forma parte del panel asesor del gobierno en la Casen 2013, el resultado implica que aunque se haya avanzado en aspectos económicos, aún queda mucho en otros temas importantes del bienestar social. “Desde el punto de vista económico, se han resuelto en parte importante las necesidades básicas. Pero hay un desafío en más y mejor inversión en capital humano, vivienda, salud y empleo”, advierte.

La académica de la UAI, Andrea Repetto, quien también estuvo en la comisión, afirma que la incorporación de carencias sociales, más allá del ingreso, se sustenta en tres razones. Primero, tener una mirada más amplia y más certera de las diversas manifestaciones de la pobreza. Luego, que las políticas hacia la superación de la pobreza no sólo se focalicen en los ingresos del hogar, sino que también se preocupen de dar herramientas y capacidades a las familias. Como tercer término, eleva las exigencias y umbrales sociales aceptables.

“En la medida en que el país se desarrolla, debemos ir modificando y poniendo al día lo que entendemos por pobreza y revisar las formas cómo ésta se manifiesta. El mejor ejemplo es la definición de pobreza extrema que hoy oficialmente se asocia a carencias alimentarias; lo que los chilenos entendemos por pobreza extrema e indigencia ya no es eso”, plantea.

Fuente: La Tercera